Antes de elegir un alisado, hay que entender el cabello.
Trabajamos con diferentes sistemas de alisado porque sabemos que no todos los cabellos son iguales y, por tanto, no todos necesitan lo mismo.
Primero el cabello. Después, la técnica.
Alisado japonés, keratina, carbocisteína, sistemas de reducción de volumen o técnicas combinadas pueden ofrecer resultados muy diferentes.
Pero elegir uno u otro únicamente por su nombre no tiene demasiado sentido.
Antes necesitamos ver el cabello, conocer qué procesos ha recibido, valorar su estado y entender qué resultado espera realmente la persona.
A partir de ahí podemos decidir qué sistema tiene más sentido y, sobre todo, qué podemos hacer respetando ese cabello.
No empieza preguntando “¿qué alisado quieres?”
Empieza intentando comprender qué tenemos delante.
Vemos cómo está.
Textura, resistencia, sensibilización, porosidad y estado general del cabello.
Vemos qué ha pasado antes.
Coloraciones, decoloraciones, alisados anteriores y otros procesos químicos pueden cambiar completamente la decisión.
Vemos qué quieres conseguir.
No es lo mismo querer un liso muy definido que controlar volumen, reducir encrespamiento o facilitar el peinado diario.
Trabajar diferentes sistemas nos permite poder elegir.
No necesitamos intentar adaptar todos los cabellos al mismo tratamiento. Podemos hacer justamente lo contrario: adaptar el tratamiento al cabello.
Y en ocasiones, un buen diagnóstico también significa recomendar esperar, modificar el objetivo o no realizar un determinado procedimiento.
Primero queremos saber qué necesita tu cabello.
Después podremos hablar de técnicas, posibilidades y del resultado que podemos buscar juntos.
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